Según los relatos bíblicos, el rey Salomón fue considerado uno de los hombres más ricos de la historia.
Se estima que su fortuna en oro superaba las 25 toneladas al año solo en tributos, lo que equivaldría a una renta anual de más de 4 billones de dólares en valores ajustados.
Oro y bienes: El oro era tan abundante en su reinado que la plata se consideraba «de ningún valor» en Jerusalén. Su famoso trono estaba hecho de marfil y recubierto de oro puro.
Flota y comercio: A través de sus flotas en alianza con el rey Hiram de Tiro, acumulaba grandes cantidades de oro, plata, sándalo, marfil, además de botines de guerra.
Acumulación de bienes: Mandó forjar cientos de escudos de oro, construyó una flota de barcos mercantes y poseía un trono magnífico hecho de marfil y oro puro.
Fama mundial: Reyes y reinas de todo el mundo viajaban para conocer sus riquezas y pedirle consejo
Aunque los historiadores modernos debaten los límites cuantitativos exactos de esta riqueza en comparación con otros imperios de la Antigüedad, el nombre de Salomón permanece como un icono supremo de prosperidad.
Salomón heredó de su padre un extenso reino que iba desde el río Éufrates hasta la frontera egipcia. Jerusalén, situada en la montaña central del país, que había sido conquistada por David, era la capital de su reino.
Salomón creó una administración unificada. En la desértica región del Néguev organizó la explotación de una mina de cobre (cuyas ruinas fueron halladas por arqueólogos).
En la orilla del mar Muerto, explotaba la existencia de sal. Impulsó el comercio de caballos entre Cilicia y Egipto, introdujo en el ejército los carros tirados por caballos y estableció una red de transportes.
En el golfo de Áqaba, Salomón construyó el puerto de Asiongáber, cerca de Elat, para comerciar con Arabia, Etiopía e incluso con la India, que según algunos historiadores corresponde, en el nombre bíblico de Ofir, a ese país asiático.
Algunos arqueólogos encontraron ruinas del puerto de Salomón en la costa del golfo de Áqaba, según dice la Biblia, que da al Israel actual acceso marítimo a África y Asia.
Poco a poco la riqueza de Salomón aumentaba. Tenía un enorme palacio en Jerusalén y una residencia de verano en las montañas del Líbano.
Su trono era de marfil, revestido de oro purísimo. “Todas las copas de Salomón eran doradas” de príncipes moabitas, edomitas, hititas y de otros pueblos que cercaban Judá e Israel.
Salomón, que reinó entre 970 y 930 a. C., de acuerdo con el libro de los Reyes, llegó a tener 700 esposas princesas y 300 concubinas.
La leyenda y la historia del rey Salomón están profundamente ligadas al oro, simbolizando la opulencia y la máxima prosperidad del antiguo Reino de Israel.
Su fortuna era prácticamente incalculable, cerca de $4 billones de dólares anuales.